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divendres, 24 de novembre de 2017

COMO AVERIGUAR PERFILES DE PERSONALIDAD CONOCIENDO LAS CONDUCTAS DE LAS PERSONAS Y NO LOS SÍNTOMAS

En muchas ocasiones solemos definir a los demás en base a los síntomas que presentan, y puedo asegurar que esta costumbre es mucho más compleja y difícil de lo que nos creemos.

Gracias a la información que obtenemos al navegar por google, damos por supuesto que seremos capaces de conocer y entender como son las personas.

Los profesionales de salud mental trabajan con síntomas para establecer los diversos posibles diagnósticos de sus pacientes, pero esta información, es solo una parte de lo que tenemos a nuestro alcance para saber exactamente que ocurre en cada caso.

Es necesario aclarar que los síntomas de un trastorno etiquetan a una persona, pero en la vida cotidiana, es el comportamiento el que marca que posible personalidad tenga cualquiera de nosotros.

Por ello, me gustaría hablar de conducta y comportamiento del ser humano, antes que de los síntomas que lo clasifican de manera nosológica.

Los perfiles de personalidad basados en cómo se comporta un ser humano, nos ayudan a entender que le pasa y como puede expresarse en todos los sentidos.

En este post, intentaré resumir cuales son los comportamientos más característicos de los distintos perfiles agrupados por manifestaciones conductuales.

Debido a la gran cantidad de información y extensión de la misma, solo me referiré a los más frecuentes y lo haré en varias publicaciones consecutivas.

En este primer post, hablaré de los siguientes perfiles de signo neurótico, es decir, de aquellos que sienten y son conscientes de su malestar. Son los 4 siguientes: ansiosos, depresivos, fóbicos y obsesivos.




PERFIL ANSIOSO

    


- Se preocupan mucho por los demás, incluso más que por ellos mismos.
- Suelen ser amables y a estar dispuestos a ayudar.
- Evitan los enfrentamientos y los posibles conflictos siempre que pueden.
- Buscan y necesitan tener el control para que todo ocurra como han previsto.
- Reprimen y contienen emociones y/o sentimientos.
- Manifiestan inestabilidad emocional: ira/lloro/alegría....
- Pueden aparentar tranquilidad, pero solo externamente.
- Tienden a los excesos: beber, fumar, comer, comprar, sexo, etc.
- Son excesivamente sensibles pero también reflexivos.
- Son inseguros, preocupados por lo que pensarán los demás.
- Muestran miedo y sentimientos de culpa frecuentemente.
- Son sobreprotectores i quieren ayudar siempre, incluso en exceso.
- No saben del todo lo que realmente quieren (confundidos).
- Dan muchas vueltas a las cosas y les cuesta decidirse.
- Normalmente su nivel de actividad es alto.
- Se desestabilizan ante cualquier problema que surge de improvisto (se ahogan en un vaso de agua).
- Siempre todo lo que hacen ha de ser productivo.
- Su nivel de sufrimiento es alto, y no pueden ni saben decir NO.
- Todo lo viven de forma excesivamente personal (comentarios, opiniones, etc.).
- No saben pedir lo que necesitan.
- Necesidad de huir cuando la situación se complica.
- Miedo a estar solos, al abandono, a ser mal vistos por los demás.
- Pendientes en exceso de sus cambios somáticos y corporales.
- Gran empatía y vivencia de los problemas y sentimientos de los demás como si los vivieran ellos mismos.
- Híper-responsables de todo lo que pasa. 


PERFIL DEPRESIVO








- No se preocupan casi nada de si mismos ni de los demás.
- Hacen las cosas porqué se las dicen, pero no por iniciativa propia.
- Son pesimistas y muy negativos en el presente y en el futuro de lo que puede ocurrirles.
- Tienen sensaciones constantes de fracasar en todo.
- Su autoestima es muy baja, mostrando inseguridad y muchas dificultades para poder decidirse por cualquier opción.
- Se ven impotentes y desbordados para soportar lo que les pasa.
- Presentan multitud de disfunciones somáticas y/o corporales.
- Tendencia al lloro fácil, a la desesperanza, y a pensar en la muerte.
- Hablan poco y de manera no constante (discontinuos).
- Tienen dificultades de atención y concentración.
- Creen que no son valorados por lo que son y/o hacen.
- Sensaciones de humillación y trato injustificado.
- Sentimientos de soledad, aislamiento, y de abandono.
- Frecuentemente se sienten muy cansados y con falta de energía.
- Asumen el rol de “víctima” con el convencimiento de que la vida los trata mal.
- No son capaces de disfrutar de coses que podrían satisfacerlos.
- Tienen actitudes y pensamientos muy limitantes de no poder hacer cosas relativamente sencillas.
- Casi hay que obligarles a hacer las cosas más básicas (alimentación, aseo, limpieza, orden, etc.).
- Pueden mostrar problemas de alimentación y de sueño prácticamente siempre.


PERFIL FÓBICO






- Sus vivencias son de miedo masivo por una situación y/o objeto que desencadena el ataque de            pánico.
- Tienen una gran tendencia a evitar cualquier novedad que no tengan controlada.
- Su consciencia es de sufrimiento excesivo, pero con una incapacidad emocional para reaccionar.
- Sienten un marcado malestar general por lo que les pasa.
- Buscan estar acompañados para hacer las cosas.
- Son muy dependientes i culpabilizan a los demás si no consiguen un acompañamiento.
- Necesitan localizar y tener el control de entrada y salida de los lugares donde están.
- Pueden mostrar agresividad cuando los obligan a hacer espontáneamente alguna acción que desconocen previamente.
- Tienen miedo a ser avergonzados, rechazados y/o humillados.
- Buscan pasar desapercibidos en grupos grandes de gente.
- Manifiestan reacciones de ansiedad física (enrojecer, sudar, temblores, etc.).
- Refieren dificultades importantes para alejarse de sus zonas y lugares habituales.

 PERFILES OBSESIVOS







- Presentan multitud de preocupaciones de diferentes tipos.
- Existencia de conductas repetitivas en diversos entornos.
- Les cuesta poder desconectarse de pensamientos o ideas.
- Son rígidos al hacer las coses y les cuesta mucho cambiar las costumbres o maneras de hacer.
- Prácticamente todo lo van haciendo como si fuera una obligación
- Se les ve cansados y con insatisfacción.
- Suelen ser más lentos que el resto haciendo actividades, con una energía per debajo de la prevista.
- Se mueven por inercia, por costumbres fijas.
- Dificultades de flexibilidad y de agilidad en tareas que necesitan una adaptación a un entorno que cambia.
- Gran tendencia a la indecisión y a la duda, en las cuestiones que más les importan.
- Pueden estar muy predispuestos al orden, a la puntualidad y al perfeccionismo.
- Suelen seguir las normAs y/o reglas de forma estricta.
- No se basan en la razón ni en lo más conveniente para ser estrictos en casi siempre.
- La duda puede bloquearlos mucho, porqué necesitan escoger siempre lo mejor o más conveniente.
- Muestran mucho temor a equivocarse y pasan mucho tiempo valorando absolutamente todo.
- Sufren mucho con las ideas que no pueden quitarse de la cabeza.
- Son conscientes de lo absurdo de su pensamiento o conducta, pero no pueden evitarlo.
- Tienen que hacer diversos rituales, algunos muy complejos, para evitar sentirse mal.

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En siguientes publicaciones continuaré con el resto de perfiles, en base a tener una idea complementaria, que pueda ayudar a conocernos más por cómo nos mostramos y no sólo por lo que sentimos.

divendres, 2 de desembre de 2016

EL SÍNDROME DEL “PSICOTERAPEUTA”

En 1976 la psicóloga social Christina Maslach, presentó ante un congreso de la Asociación Estadounidense de Psicología lo que definía como síndrome de BURNOUT (estar quemado, desbordado, fundido, desgastado, fatigado de forma crónica), basado en el análisis tridimensional de los tres constructos siguientes:

1. agotamiento emocional

2. despersonalización

3. baja realización personal,

Constató que dicho síndrome podía aparecer entre sujetos (profesionales) que trabajan en contacto directo con clientes o pacientes.

Con esta pequeña introducción, quisiera explicar lo que entiendo por el síndrome del terapeuta profesional, y especialmente en lo que supone trabajar diariamente en contacto con pacientes de diversas edades y con patología diversa.



No deja de sorprenderme el hecho de que mucha gente considere al psicoterapeuta profesional como una especie de amigo/confidente y charlatán, que obtiene dinero fácilmente por sólo estar hablando. Acompaña a esta idea la creencia de que es un trabajo fácil y que, aparentemente, cualquier persona mínimamente sociable y agradable, podría hacer lo mismo.

Permitidme aclarar que no todas las charlas son iguales, ni tienen el mismo propósito. Escuchar a alguien de forma terapéutica es otro mundo, os lo puedo asegurar.

Es necesario ser consciente en todo momento de lo que dice, siente, piensa, proyecta, intuye, verbaliza, cree, reprime, u olvida. Es como desenredar un gran ovillo de lana con multitud de nudos que impiden que el hilo fluya por sí sólo, a no ser que lo estiremos. 



Esta interacción bilateral requiere un estado de atención permanente visual y auditiva, improvisación, fluidez ideática, paciencia, empatía, tolerancia y capacidad de “acoger” adecuadamente al paciente.

El cansancio, se va acumulando progresivamente, pero el trabajo debe ser el mismo y con la misma intensidad desde el inicio hasta el final de la sesión.

Otro problema añadido e importante suele ser que los períodos de descanso (que deberían ser obligados) no se producen regularmente, ya que siempre surgen situaciones inesperadas que deben atenderse sin ninguna opción de aplazamiento, y de este modo, el esfuerzo a realizar se va incrementando progresivamente cuanto más son las horas de trabajo realizadas.

Al final de la jornada, acabamos realmente cansados, con niveles energéticos bajos, y con una importante necesidad de desconectar de todo un poco.

Muchos piensan que en todos los trabajos pasa lo mismo, y que no es para tanto, pero yo les diría que trabajar con pacientes cara a cara, no permite ni el más leve error de planteamiento ni de estrategia.

Por otra parte, la exigencia del paciente, es muy alta y con gran demanda de eficacia inmediata, lo cual, es totalmente imposible de satisfacer al momento exigido.

Todo proceso tiene su tiempo de sedimentación y asimilación, y sólo entonces, empezarán a notarse los beneficios esperados desde el primer momento.


Es por lo tanto una relación compleja, específica y muy estratégica, que requiere un buen desarrollo bilateral profesional/paciente, y que en ningún caso, podemos banalizar lo más mínimo.

La confianza y el saber escuchar, tal como comentaba, es básico para entrar progresivamente en el mundo de la percepción subjetiva del paciente, y por lo tanto, en cómo entiende él lo que pasa y ocurre.

Es habitual que la realidad objetiva no tenga nada que ver con la que la persona siente, siendo así otro inconveniente que debemos tener presente en todo momento.

El motivo de consulta por el que el paciente empieza un tratamiento, es en muchos casos muy distinto del problema que, en realidad, tiene el paciente.

Los temores, sensaciones diversas, y el cansancio acumulado procedente de las muchas intentonas de resolver el conflicto sin conseguirlo, generan expectativas pesimistas y un desánimo que repercute directamente en la creencia de que “hablando” pueda encontrarse una solución adecuada.

Las personas suelen tener una especie de guión interno que utilizan para actuar. Creo que será interesante que veáis un video de INPSIDE PSICÓLOGOS, que hablan de un “mapa emocional”, definido cómo una forma de orientarse y manejarse en nuestro mundo interno y externo. Se trata de un mapa diseñado a partir de nuestras experiencias más importantes, tanto positivas como negativas. Formado por fotografías de situaciones que hemos vivido, por recuerdos. Por tanto, se trata de un mapa que está en nuestra memoria, en nuestra mente, pero no necesariamente en la realidad.



El trabajo del profesional se orientaría a intentar entender ese mapa que nos enseña el paciente, y una vez repasado y estudiado, procurar sentarnos con él y buscar la mejor forma de entenderlo, trabajarlo y conseguir saber más de nosotros mismos, de lo que sentimos, de lo que pensamos y del porqué nos cuesta tanto sentir una sensación global de bienestar.

Con este post, solamente pretendo mostrar mi máximo respeto a todos los profesionales de la salud mental que día a día intentan acercar a sus pacientes a un estado de equilibrio consigo mismos y con su entorno.

Ánimo y no nos cansemos nunca de realizar esta labor. Una sonrisa vale mucho, y una lágrima, también. La satisfacción debe basarse en el constante intento de seguir avanzado para entender la complejidad de la mente humana, que por mucho que podamos ir avanzando, seguimos estando en una precariedad significativa.

Que cada experiencia que vivamos, y con cada persona que trabajemos, nos de la motivación suficiente para seguir creciendo en todos los sentidos.

Soy un hombre afortunado. Amo mi trabajo.

dimarts, 19 de juliol de 2016

LA SOBREPROTECCIÓN: UNO DE LOS MALES DEL SIGLO XXI

Es frecuente que en una tertulia de sobremesa de domingo por la tarde, se hable de las grandes diferencias de cómo se ha vivido la infancia entre las distintas generaciones de comensales (abuelos, padres, hijos, nietos).

Curiosamente, la sensación más generalizada suele ser la de que los más jóvenes son los que lo han tenido más fácil, ya sea por no haber vivido severas circunstancias ambientales (guerra, postguerra, hambre), ya sea por el esfuerzo de la familia por evitar privaciones en todos los sentidos.





En épocas anteriores, donde la supervivencia era mucho más vigente y aparentemente, más difícil que en la actualidad (teniendo en cuenta las circunstancias ambientales de las que hablaba antes), no se producía una sobreprotección como respuesta a la necesidad, sino más bien todo lo contrario, es decir, el objetivo era conseguir enseñar autonomía y desarrollar capacidad de ser independiente como primer escalón que casi aseguraba un buen funcionamiento personal y socio-familiar.

Preocupaban demasiadas situaciones como para “entretenerse en tonterías” como así decían nuestros abuelos, que habían vivido en su experiencia personal momentos muy duros, sin suficiente ayuda ni medios para poder continuar su vida de la mejor forma.

Quizá ese motivo fue el que empezó a cambiar un estilo educativo hacia los hijos: de enseñarles a sobrevivir, se pasó a facilitar en lo posible los obstáculos que se encontraran, para acabar sobreprotegiendo de forma sistemática y generalizada en todos los sentidos, con lo cual, y sin quererlo, se ha llegado a producir una grave atrofia de la capacidad de reacción personal, del sentido común y de la humildad del futuro adulto.

Al no enfrentarnos a los conflictos de nuestro entorno por nosotros mismos, podemos sentir que se produce un bloqueo y posterior remisión de nuestra capacidad de reacción y adaptación, y es esa situación la que nos lleva a ser mucho más dependientes de lo que deberíamos, con el agravante incluido de que si no tenemos ayuda, la exigimos, puesto que siempre la hemos tenido sin necesidad de pedirla.

A partir de ahí, empiezan graves problemas de convivencia y de situaciones emocionales muy dolorosas, tanto para el sobreprotegido como para la persona que sobreprotege.

Los malos tratos y exigencias, conllevan trastornos de conducta y demandas agresivas de ayuda y reconocimiento del deber y la obligación de tener que resolver lo que pasa “aquí y ahora”.

La intransigencia y falta de tolerancia se dispara y empiezan a notarse fluctuaciones significativas de cambios bruscos del estado de ánimo, que en muchos casos, acaban en manifestaciones patológicas que requieren intervención profesional.

Si lo valoramos de forma global, vemos que esa protección excesiva, ha sido la causante directa de la frustración ante el problema a resolver, y que al no haber podido adquirir el conocimiento desde pequeños, nos impide continuar avanzando.




Como podemos ver, toda causa tiene su efecto.

En mi humilde opinión, el miedo que los padres desarrollan hacia la situación que vive el niño fuera de su entorno de seguridad, es una de las causas más importantes y definitivas de sobreprotección.

Transmiten entonces ese miedo y sus acciones son excesivamente prudentes, con lo cual, no son conscientes de las limitaciones que esa actitud tendrá en el futuro adulto.

Su creatividad e iniciativa no se desarrollará como debería, con lo cual, al sobreproteger, lo que conseguimos es frenar la evolución y el proceso de maduración general del niño.

Y lo más curioso y significativo es que por mucho que advirtamos de la necesidad de no sobreproteger, se produce el efecto inverso en una gran parte de los casos. El miedo a fracasar como padres o a sentirse más responsabilizados de lo que deben, no hacen otra cosa que reforzar más y más esa dependencia que obliga a vincularnos de modo excesivo con nuestros hijos.

Los resultados son extremadamente negativos, nefastos y con un pronóstico a medio y largo plazo desolador.

Poco a poco, estamos hundiendo más profundamente la seguridad del niño en un pozo del que difícilmente podrá salir, si es que acaba consiguiéndolo.

Nuestras propias vivencias y experiencias, influyen directamente en la necesidad de controlar todo lo que acaece a nuestros hijos, para intentar evitarles los errores que nosotros cometimos, pero no somos conscientes de que lo que generamos es peor en sí mismo que el error: el niño no se equivocará porque no luchará con nada, todo se le da hecho y comprobado, con lo que atascamos su capacidad de reacción, y el hecho de elegir y ser crítico con su medio y con sus posibilidades.

No aprenderá a luchar ni a levantarse, no sabrá esperar y ser paciente, no conocerá la tolerancia ni la empatía, y la razón de todo ello, es que no lo necesita porque no debe decidir. Otros deciden por él. A lo largo de los años y cuando ya sea adulto, descubrirá con desconcierto que el mundo exterior no era ni de cerca tal como lo imaginaba, y su reacción más probable será tirar la toalla y dejer que las situaciones marquen su vida y su devenir.

La sobreprotección es sin duda letal. Nos encierra en una burbuja idónea que nada tiene que ver con la realidad. El futuro será duro, difícil y probablemente desastroso en casi todos los sentidos.

El miedo, la dependencia, la intolerancia a la frustración, la falta de creatividad, y la falta de desarrollo adecuado de las capacidades individuales, pueden llevar al desequilibrio mental, y como secuela, tener muchos problemas psicológicos que torturarán al joven adulto, que por sí mismo, prácticamente nunca ha conseguido nada.

El fracaso es en este caso podría llegar a ser inevitable, y las dificultades a afrontar se convertirán en obstáculos prácticamente insalvables.

Desenvolverse por uno mismo, ser capaz de tener autocrítica, ser tolerante con los errores y aceptarlos, escuchar y aprender de los demás, ser humilde en nuestros propósitos, saber escucharse a uno mismo, potenciar nuestros propios deseos y no esperar a que las situaciones se produzcan por sí mismas, pueden ayudarnos a superar esa sobreprotección.

Como conclusión a lo expresado anteriormente, me gustaría hacer hincapié en los muchos estilos de educación infantil existentes, que no son ni mejores ni peores unos que otros.

El único problema realmente grave se produce cuando el nivel de permisividad educativo es excesivo, con lo cual, no hay reglas ni normas ni límites que puedan ayudar a que los niños se controlen.

A partir de ahí, se inicia el largo y lento calvario de las primeras negativas de los niños, hasta la agresividad que puede llegar a ser muy manifiesta en una adolescencia, cada vez más difícil, larga y desestructurada.

Deberíamos actuar de forma preventiva y eficaz, ante una de las posibles causas más importantes de desapego afectivo, egoísmo y falta de empatía, de una gran parte de nuestros adolescentes, que no sólo va a dificultar nuestra vida familiar, sino que va a acentuar la sensación de dolor y de rechazo por parte de nuestros propios hijos.

Busquemos una mejor forma de conseguir un equilibrio sano y adecuado que nos permita tan solo poder vivir (no sobrevivir) en paz y armonía con lo que tengamos.



dimarts, 1 de març de 2016

LAS CURIOSIDADES EN LAS RELACIONES DE PAREJA

Cuantas veces nos hemos asombrado al tener sensaciones particulares, que aparentemente, no tenían un claro desencadenante en nuestra relación de pareja.

Desde mi punto de vista, como digo siempre, creo que lo mejor es explicarlo con un ejemplo. 

Ahí va uno de ellos ..... 

Supongamos que desde hace poco, estamos saliendo con alguien, a quién pretendíamos tiempo atrás, con lo cual, estamos en un momento de locura temporal transitoria, dónde solo vemos aquello que queremos ver, y por supuesto, nada más.



En este estado, parece que el tiempo se detiene y que nuestra mente se centra exclusivamente en esa persona tan importante, y desde ahora, imprescindible. Ofrecemos todo lo que tenemos, incluso lo que no sabemos si tendremos, pero lo importante es cuidar y dar a entender que solo tenemos una prioridad, nuestra pareja.

Nuestros esfuerzos por agradar y complacer no consiguen cansarnos, y es más, todo nos parece poco. En este punto empieza una pequeña cuenta atrás que sin elegirlo, recolocará a su lugar todas las emociones y sentimientos florecidos en estos primeros momentos tan apasionados de enamoramiento, deseo y dedicación.

Al poco tiempo, algunos meses quizás, entramos en la primera fase, y puede que empiece a aparecer una especie de sensación de ansiedad difusa que se nota en síntomas como los siguientes:


  • Problemas para conciliar el sueño como antes, o bien, despertar precoz, sueño intermitente o sueños agitados recurrentes, que no tienen razón de ser (o eso pensamos).

  •  Irritabilidad matutina, al medio día y vespertina, es decir, a lo largo de todo el día. 

  • Sensación de cansancio excesivo sin que a nivel médico exista indicio alguno (analíticas normales, funcionamiento orgánico normal, no problemas de tiroides, etc.).

  • Pequeñas añoranzas de los momentos que antes teníamos con los amigos, vaya, que echamos de menos alguna salida sin nuestra pareja pegada a nuestro lado, pero eso sí, con gran sentimiento de culpa.

  • Sensación de que puedo ser yo el que debo contenerme mucho más y no decir siempre lo que pienso, aunque sea una base la sinceridad desde el inicio y aprobada por ambas personas.

Se producen entonces ciertos puntos discrepantes que reflejan un pequeño descontento en ambas partes y que intentamos hablar y comunicarlo para resolverlo lo antes posible.

Pero en este punto, ya estamos en otro nivel, la segunda fase.

En esta segunda fase, empezamos a no ceder con tanta facilidad y a escuchar menos para imponernos un poco más. Iniciamos un pequeño forcejeo para intentar ganar con nuestro punto de vista al otro, y aunque podemos sentir algo de culpa, el nivel de la misma, es significativamente menor que al principio (ver primera fase).

Aparece entonces otro de los ingredientes especiales, la “suposición y/o duda” respecto a lo que veíamos en un principio, y lo que estamos viendo ahora. Está claro que algo ha cambiado y no sentimos la capacidad de mostrar tanta flexibilidad ni asertividad con las ideas del otro. Bienvenidos a la tercera fase, como en la película, que por cierto, también va de relaciones alienígenas.

En la tercera fase, las posturas de ambos son más consistentes y notamos una rigidificación progresiva de nuestra forma de pensar y sentir, que nos hace más vulnerables a discutir con determinación y una constancia, hasta entonces, inexistente. 

Negros nubarrones amenazan tormenta, y cuando se desencadena, sin ninguna duda, tragamos agua para satisfacer nuestra sed durante unos cuantos días.

Después del primer tsunami, impresionados por su destrucción, una tristeza apenada, una debilidad y una necesidad de generosidad “salvemostodo”, nos lleva a un acuerdo de “no agresión” y a mantener una calma ficticia para rearmarnos convenientemente hasta el siguiente tormentón. Esta es la cuarta fase , en la que vemos claramente que de lo que pensábamos a lo que es hay un buen trecho. El miedo hace su aparición con juegos malabares espectaculares:

¿Me he equivocado? ¿Debo continuar? ¿Sería mejor dejarlo? ¿Podré seguir solo? ¿Qué dirán los demás? 

Imagino que podemos hacernos un sinfín de preguntas, que en este momento, no soy capaz de exponer en este post, por falta de tiempo y espacio.

La quinta fase, es algo más retorcida y de augurios difíciles, y puede ponernos en una situación de enfermedad emocional, con vestigios de “muerte de pareja” si no lo remediamos. La dulce luna de miel, ha llegado a su fin, y lo mismo que al final del verano, empiezan las claras manifestaciones de la depresión POST-VACACIONAL.

Creo que estas cinco fases son lo suficientemente ilustrativas para describir un desarrollo afectivo en la relación de pareja, que seguramente, a muchos les parecerá que pueden identificarse parcial o totalmente con lo que ocurre. 


Volver a la realidad supone un duro golpe que no esperamos.

Es como si despertásemos de un sueño profundo y no pudiéramos creer lo que tenemos delante. La realidad, se transforma en un puño que golpea con dureza y exactitud. En poco tiempo se desmorona todo aquello que teníamos y esperábamos disfrutar.

No pretendo que seamos pesimistas ni negativos en lo que se refiere a las relaciones de pareja, pero es necesario ser conscientes del proceso que he descrito, para evitar en lo posible un malestar profundo y vital que requiere un duelo elaborado y mucho tiempo de sufrimiento para superarlo.

La realidad, es entonces una etapa de tránsito entre lo que suponíamos (pasado) y lo que se avecina (futuro), que curiosamente, vuelve a ser el centro de atención de nuestras próximas expectativas afectivas con un nuevo ciclo que puede repetirse de nuevo. 

El presente cobra mucha importancia como origen de lo que está pasando.

De lo ocurrido podría concluirse que en toda relación de pareja, se sufre un desgaste progresivo al estar conviviendo, y que solo con tolerancia, comunicación, comprensión y trabajo, conseguiremos que nuestra relación tenga un sentido y una continuidad en el tiempo.


Lo conveniente y lo que más nos gustaría, sería saber que podemos hacer para mantener viva la ilusión en nuestra relación de pareja. Expongo a continuación opciones que pueden ayudar, entre otras:
  • Sorprendernos con hechos sencillos.
  • Demostrarnos que somos importantes.
  • Cuidarnos y priorizarnos.
  • Acompañarnos en momentos complicados.
  • Compartir buenos y malos momentos.
  • Estar jugando a vivir en pareja, y como en todo juego, la teoría nos dice que nunca nos cansaremos mientras sea divertido. No olvidemos divertirnos en nuestra relación.
  • Que el deseo de seguir juntos sea fresco cada día, y por ello es necesario recordar, que lo único que realmente envejece, es el cuerpo, pero no necesariamente la mente, ni las emociones ni los sentimientos vinculantes.

Solamente así conseguiremos el equilibrio suficiente para satisfacer los paladares más exigentes, con lo que el desarrollo de la vida en sí, nos parecerá más plena y deseable. 

De todas formas, los comentarios de las parejas con una experiencia generalizada de muchos años viviendo juntos, convergen en el mismo punto, y es que la convivencia en sí, es uno de los detonantes del empeoramiento progresivo de la relación establecida.

Con el paso del tiempo, la relación se va apagando por sí misma y se transforma en una constante rutinaria dónde ambas partes aceptan con mayor o menor acuerdo la situación que mantienen, buscando en muchos casos, otras alternativas externas a ellos para compensar la falta de emoción presente con experiencias distintas, que al ser novedosas, generan interés, motivación y un pequeño paréntesis particular e individual, que disimula la falta de entusiasmo y apatía de lo que ya hace mucho que es habitual.

Afortunadamente, siempre existe la excepción de la regla, y algunas relaciones de pareja se salvan de la quema general. 

La posible explicación del porqué, la dejo un poco en el aire, y que cada uno se plantee que hacen distinto a nosotros esos afortunados que no entran en una de las estadísticas negativas que más dolor emocional produce, la separación.