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dissabte, 13 d’abril de 2013

LA PERSEVERANCIA

Normalmente suele ser muy difícil mantener un esfuerzo constante y continuo para obtener algo. Tendemos a cansarnos mucho cuando no podemos alcanzar nuestro objetivo y acabamos rindiéndonos al no ser capaces de continuar.

¿Qué nos ha ocurrido?

La respuesta es sencilla.

Como cualquier objetivo en la vida, tendemos de forma inconsciente a adjuntarle una fecha de caducidad. 

Lo explico mejor. Si en un tiempo determinado no he conseguido lo que esperaba, suelo dejar de hacer el esfuerzo que requería ese trabajo. 
Me he cansado, me he desanimado y, a partir de ahí, he empezado a pensar que no era posible y que estaba perdiendo el tiempo.
Pero eso no es cierto, al menos, no del todo. 




Las justificaciones racionales aparecen por doquier, y como sabemos estructurarlas en una base lógica, nos auto-convencemos de que ya no podíamos hacer nada más. 
El problema es que acabamos creyéndonos esa explicación, y por si eso no fuera suficiente, se lo contamos a los demás hasta que obtenemos por su parte la confirmación de lo que esperábamos. 

Hay que reconocer que podemos ser muy hábiles en explicarlo prácticamente todo, pero a la vez, tremendamente inconsistentes en el momento de intentar engañarnos a nosotros mismos. Pero de hecho, de una forma u otra, casi siempre lo acabamos consiguiendo. 

La perseverancia, sería entonces una capacidad personal en continuar luchando por aquello que sentimos que queremos conseguir, independientemente de los problemas asociados a nuestro objetivo propuesto.

Si tenemos perseverancia, podemos seguir intentando hacer lo que queremos de un modo u otro. Es como la gasolina del coche: sin ella, por increíble que sea el vehículo, no avanzará ni un centímetro.
De ahí su gran importancia. 
Perseverar no implica necesariamente conseguir, sino más bien continuar hacia lo que buscamos, por muchas dificultades que surjan o problemas a resolver que puedan entretenernos mucho. 



Y es que la Naturaleza es sabia. 

La perseverancia no debería depender de ninguna variable física ni emocional (tiempo, dinero, esfuerzo, agotamiento, desánimo, etc.).

Si somos altos o bajos, rubios o morenos, blancos o negros, no hay otra posibilidad que aceptarlo, ya que nos viene dado, pero el ser perseverante se puede aprender o no. Y esa es la magia del ser humano, su gran capacidad de aprender aquello que le hará más fácil su vida, sus sentimientos y emociones, y su sentido de afirmación personal respecto a sus muchas elecciones a lo largo de su vida.

Perseverar es necesario como respirar. De ello depende en gran manera el como nos sentimos, y por lo tanto, el grado de satisfacción personal por lo que somos, estamos y hacemos.

Curiosamente, en la mayoría de los casos, olvidamos que nuestra capacidad de perseverar, era mucho más eficaz de niños que en la actualidad.

Recordemos que aprendimos a caminar, a hablar, a entender, a expresar lo que necesitábamos y sentíamos, a ser independientes, a socializarnos  a prácticamente todo. Y curiosamente no importaba demasiado que tardáramos más o menos tiempo, pero gracias a nuestra perseverancia, acabábamos consiguiendo los objetivos necesarios para continuar.

A medida que la realidad de la vida nos va imponiendo sus limitaciones, progresivamente, nos parece que tenemos que ser mucho más prudentes y restringidos en lo que queremos y en como conseguirlo. 






Nos refugiamos en las explicaciones que nos sirven de excusa pero que justifican sobradamente lo que ya no vamos a hacer.
Es aquí, donde empieza a enfermar nuestra perseverancia y a no tener la capacidad de hacernos disfrutar como cuando estaba sana.

Desafortunadamente, envejece prácticamente a la misma velocidad que nuestro cuerpo físico. Y lo más triste y desesperante es que parece que lo aceptamos sin plantearnos alternativa alguna.

Nos hemos dejado vencer una vez más por la supuesta seguridad de lo que conocemos y aceptamos como adecuado por haber generado una costumbre de tolerarlo.

Si al principio nos movía casi únicamente la ilusión y el deseo, cada vez más nos mueve la necesidad y el miedo, para acabar anclado en una situación absolutamente estática, que por decir algo, es totalmente aséptica, sin matices definidos y con una cantidad de rutina desarrollada muy difícil de digerir.

La perseverancia es lo que nos hace recordar lo que fuimos, y lo que debería infundirnos esa rabia vital que nos aleja cada vez más de nuestro propio origen, a nivel de deseos y satisfacciones personales.

Evidentemente existen muchas personas capaces de darse cuenta y superar ese estado, pero creo que aún son insuficientes ante una gran mayoría que ha dejado de sentir la perseverancia como una forma de lucha adaptativa y gratificante.

Seamos de nuevo exploradores de nuestra vida, y encontremos la forma de volver a sonreír y a ser felices tal como hace años lo fuimos una vez, y no permitamos que la falta de perseverancia nos infecte hasta el punto de ensuciar nuestras ilusiones o emociones más vinculantes, justificando de modo racional que ya no somos unos niños y que debemos centrarnos en una realidad aburrida, monótona, sin cambios (a ser posible), porque eso es ser un adulto “serio y responsable”.

Entiendo que ya no somos niños y que no podemos volver a serlo, pero no debemos perder ese recuerdo ni enterrarlo en el fondo de nuestra consciencia.

Que no seamos niños, no significa que no podamos sentir como ellos, que no volvamos a tener ilusiones, proyectos y posibilidades de elección por extrañas que parezcan. 





Y si os dais cuenta, en muchas ocasiones cuando nos ven felices y animados, nos dicen que parecemos niños. Y son esas mismas personas las que en el fondo, aunque no quieran reconocerlo y nos “riñan” por sentirnos así, envidian lo que ven en nosotros que ahora ya no tienen, y lo único que pueden hacer para soportarlo es cuestionar que nosotros aún sigamos con esa sensación.

Si estamos vivos, al menos que lo parezca.

No nos dejemos engullir por el paso cansino del tiempo, que por si mismo, no nos aporta nada.

Perseveremos un poco cada día, en tres dosis: por la mañana al levantarnos, un poco antes de comer o inmediatamente después, y por la noche antes de acostarnos.

Esta receta sólo es para vosotros. No la comentéis con nadie. No os van a creer. Es muy económica y no la controlan laboratorios farmacéuticos ni la prescriben los médicos de forma habitual. Por esa razón, quizás no sea bien vista a nivel general.

Si os sirve de algo, yo personalmente, hace mucho tiempo que lo hago, y debo decir, que a demás de hacerme sentir muy bien, nunca he notado molestias por efectos secundarios.

Salud para todos.





Un proverbio Chino dice lo siguiente:


"Tenéis los colores,
tenéis el pincel,
pintad el Paraíso,
y entrar luego en él."